No caben dudas que las energías renovables han adquirido gran empuje en los últimos años gracias a la conciencia social de la necesidad de preservar el medio ambiente, y además por el aumento de ayudas y subsidios de parte de las autoridades correspondientes. No obstante, aún no ha calado todo lo hondo que debería entre los consumidores individuales, en gran parte debido al alto precio que significa la adquisición inicial de una de estas instalaciones.
Uno de los principales problemas por los que está pasando la industria de los paneles solares es el costo que supone la fabricación de cada uno de ellos, y bien conocido es el importante precio inicial que conlleva su instalación, lo cual mucha gente no puede permitirse.
Debido a que la demanda no termina por despegar, y que por tanto la oferta se achica, sumado a que los precios son excesivamente elevados, ha dado lugar a que se empiecen a comercializar paneles solares de menor calidad, pero más alcanzables a la totalidad de la población. Hay que aclarar que estos aparatos no son menos eficaces ni tienen menor duración que los construidos completamente con silicio, sino que poseen menor proporción de este elemento en su construcción, con lo que se abaratan los costes.
Por esa razón, a día de hoy, instalar paneles solares en el hogar supone una decisión ecológica, saludable y limpia, pero costosa. Por esta causa, ciertas empresas están teniendo la iniciativa de investigar en nuevos elementos y materiales para conseguir unos valores más accesibles en función al usuario medio.
Hoy en día, se pueden encontrar una elevada cifra de clases de paneles y un extenso abanico de costos, que parten desde aproximadamente los quinientos euros para unas placas solares integradas en el tejado de la vivienda, que perciben energía solar durante el día y abastecen el consumo doméstico, hasta los cientos de miles de euros que saldría una instalación integral para el consumo de una comunidad o un edificio público, tales como escuelas, hospitales, e inclusive urbanizaciones enteras.